Ir a la última...
La verdad es
que los alquimistas restauradores de estómagos desde el rincón más recóndito y
oscuro de nuestra cocina vemos muchas, pero que muchas cosas.
En algunas
ocasiones, simplemente con leer la comanda que nos trae nuestro compañero en la
sala, ya estamos viendo al comensal. Lo vemos. Podemos fallar como todo el
mundo en nuestro modo de percepción… pero poco.
Datos tan
aparentemente simples como el punto de los alimentos, un comentario sobre
vinos, la manera de hablarle al camarero, el modo de pedir la cuenta y si me
apuran mucho, lo que cada uno pide, hace que les veamos.
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| Os vemos... |
En estos
últimos 25 años trabajando en lo más variopinto de laboratorios cocineriles he visto a las modas llegar,
pasar y marcharse. Sí, sí. Modas. Hay modas en la gastronomía. Pero ojo, no
hablo de modas en el estilo de cocinar y en qué cocinar (que también las hay).
Hablo de las modas en cómo y qué comer.
He visto hace
20 años cómo la plantilla del Real Madrid pagaba 10.000 pesetazas por persona
por comerse unos huevos rotos en su sitio acostumbrado. Pocos años después,
tenemos huevos rotos con cualquier cosa que se nos ocurra en el primer tugurio
que entremos.
He visto por
toda España cómo la gente dejaba de beber Rioja porque ya estaba muy visto y se pasaban a beber Ribera
del Duero porque era más cool (como si no hubiera más D.O.s).
He visto por
toda España a mujeres atiborrándose de Verdejo porque algún lumbreras vendió
muy sagazmente y muy bien que era un vino para chicas.
He visto por
toda España el descenso de ventas de los vinos y productos catalanes (ya hace
años cuando “el estatut”), y al final nadie. ni la política puede con
ellos por que la calidad está ahí.
He visto por
toda España comedores de trufa a bocados, bebedores de cervezas artesanas
(aunque éstas fueran infames), devoradores
compulsivos de calçots (aún en tiempos de oscurantismo independentista),
he visto todas estas modas y muchas más, llegar y marcharse.
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| Hala. Para los modernos |
Ahora llevo
unos años viendo vegetarianos.
De muchos
tipos además. Y todos ellos muy respetables, claro está.
El
incremento de veganos, vegetarianos, ovolactovegetarianos, crudíboros, está
siendo sensiblemente notable.
Nunca en los
años 90s en un menú de boda (y he hecho muuuuchas) me dijeron que había
vegetarianos.
Por no haber
no había ni alérgicos (bueno sí, a la penicilina, y eran cuatro)
Ahora es
normal incluso yo lo recomiendo a mis compañeros el tener más de un menú de
este tipo.
Y es que
claro… “ahora la gente está mucho más concienciada de…”
Patrañas.
Mentira.
La gente
seguimos siendo gente. Como siempre, hay unos pocos concienciados con la
naturaleza y contra el modo de cría actual de las bestias y el resto… ¿Quieren
que se lo diga?
Modernos.
Modernos que
se apuntan a la moda, A la moda que desde no sabemos dónde, nos inculcan y nos
hacen ver como algo chic. Las modas desde donde nos manejan a su antojo.
Ellos, esos
buitres del mal, ponen algo de moda y al día siguiente lo encarecen y cuando se
pasa la moda, ponen otra cosa. Y seguimos picando.
Siempre.
Todas las
semanas tenemos en el comedor algún vegetariano de moda.
He tenido
varios que comían jamón. Otros que comían ternasco.
Otros que
comían caracoles, eso sí, solo los Domingos.
Amigos.
Disfruten de la comida. Nosotros, los profesionales siempre la vamos a elaborar
lo mejor posible para que ustedes disfruten, pero por dios… no me sigan las
modas. Asegúrense de que, si algo les gusta, es porque les gusta de verdad, no
porque nos han dicho que nos tiene que gustar, porque si ya nos quitan eso, si
nos roban incluso el placer de comer y beber lo que nos gusta de verdad… es el
fin.
Dejemos a
los médicos el derecho de decir lo que tenemos que comer, no a la TV, ni a la
propaganda.
La moda…
para la planta joven del Corte Inglés.



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